Cómo explicar a los niños qué son las emociones
Una de las primeras dudas que surgen al hablarles a los niños sobre sus emociones es cómo podemos explicarles, en palabras sencillas, «algo» que ellos sienten pero que no se ve, no se toca y que además puede llegar inesperadamente.
En un inicio, especialmente con los preescolares, el uso del color y las ilustraciones es una herramienta valiosa para que aprendan a reconocer sus primeras emociones. Sin embargo, a medida que crecen y acumulan nuevas experiencias, comienzan a experimentar y expresar emociones más diversas, algunas con mayor intensidad y otras con mayor frecuencia. En este punto, es crucial proporcionarles explicaciones breves y claras que les brinden confianza para interpretar los mensajes de su mundo interior y verbalizar lo que sienten.
Un buen inicio
Primero, es esencial que los niños comprendan que el mundo emocional es amplio y que cada emoción cumple inteligentemente una función, de esta manera ellos podrán entender el «por qué» de su presencia y por qué es necesario que existan.
Para profundizar en ello, puedes comenzar compartiéndoles experiencias concretas de cómo los ayudan diariamente; por ejemplo, puedes explícarles que el «miedo» suele entregarnos señales de alerta ante un eventual peligro, la «tristeza» puede avisarnos cuando extrañamos a alguien y el «enojo» está para advertirnos cuando algo no nos agrada.
Este modo de comenzar a explicar sus emociones, además los hace reflexionar acerca de qué sucedería si ellas no estuvieran presentes: ¿Cómo actuarían? o ¿Cómo manejarían esas experiencias?.
De hecho, antes de seguir avanzando en esta explicación, puedes utilizar estas mismas preguntas para invitarlos a compartir sus propias opiniones, y verás que serán capaces de concluir espontáneamente lo importante que son las emociones en sus vidas.
Características del mundo emocional
En segundo lugar, es importante que los niños comprendan que las emociones pueden tomar muchas formas y que poseen ciertas características que le brindan una lógica para ayudarnos a identificarlas, sintonizar con ellas y transformarlas cuando lo necesitamos.
Para continuar con una explicación práctica, puedes invitarlos a llevar su atención a alguna emoción que estén sintiendo en el momento. Puedes pedirles que intenten describir su forma, intensidad o duración, y luego puedes continuar compartiéndoles las «5 características del mundo emocional que todo niño debe saber».
1. Nuestros cuerpos nos dan señales
Si explicamos a los niños que nuestros cuerpos nos dan señales acerca de lo que sentimos, ellos podrán desarrollar con mayor facilidad su conciencia emocional. El entender esta primera característica de sus emociones les brindará la habilidad de identificar qué dice su cuerpo y con ello reconocer cómo se sienten en un momento dado.
Una excelente idea para ayudarlos a comprender esta experiencia fisiológica, es comenzar con preguntas sencillas como: «¿Qué notas en tu cuerpo en este momento?», ¿Sientes que tu corazón late rápido?, ¿Sientes mariposas en tu estómago?, ¿Sientes que tu respiración se acelera?, sus espontáneas respuestas ofrecerán a sí mismos una relación entre su cuerpo y sus emociones brindándoles la confianza de comenzar a explorar los mensajes que hay detrás de ellas.
2. Las emociones están conectadas a nuestros pensamientos y comportamientos
Ésta es una correlación lógica. Nuestros pensamientos afectan nuestras emociones, éstas influyen en nuestro comportamiento y, a su vez, éste actúa en nuestros pensamientos.
En la labor diaria es importante ayudar a los niños a establecer esta relación. Cuando ellos pueden ver estas conexiones, les resulta más dinámico profundizar en determinadas ideas, sentimientos o conductas que obstaculizan su bienestar, pueden comprender cómo modificarlas y sacar conclusiones beneficiosas de ellas.
3. Todas las emociones son bienvenidas
No hay «emociones malas», todas son bienvenidas. Tanto si se encuentran «enojados», «frustrados» o «tristes», las emociones no son negativas, sino que su presencia les está transmitiendo «algo» que requiere de su atención.
Si pudiéramos hacer una clasificación general de las emociones para que los niños las entiendan, se sugiere dividirlas en dos grandes grupos, en las «gratas» y «no gratas». Esta forma de mencionarlas tiene dos beneficios: El primero, es que ellos aprenden que independiente que las emociones los hacen sentir bien o mal, el mundo emocional es amplio y todas son necesarias; y el segundo, es que evitamos llamar negativas a las emociones «no gratas».
Cuando denominamos negativas a las emociones «no gratas», los niños piensan que estas emociones no son aceptadas, y como resultado sienten temor a exteriorizarlas, las omiten o reprimen. En cambio, si desde sus primeras vivencias aprenden que la presencia de sus emociones se debe a que está reflejando «algo», ya sea una señal de alerta, de protección, o porque requiere de su escucha, aprenderán a ser abiertos ante ellas y reflexionar en el mensaje que traen.
El uso de técnicas lúdicas son una valiosa ayuda en este proceso, ofrecen un apoyo para enseñarle creativamente a los niños a dar la bienvenida a sus emociones.
Una de ellas es el «Termómetro de las emociones» (dentro de el Registro de mis Emociones), el cual les permite visualizar la presencia de diferentes emociones («gratas» como «no gratas»), reconocer en un momento de confusión qué sienten para evitar reprimirlas e identificar su intensidad para sacar sus propias conclusiones.
4. Las emociones no son para siempre
A veces los niños piensan que las emociones nunca desaparecerán, tienden a centrar sus experiencias y su sentir en el presente, principalmente cuando la tristeza o la frustración los agobia. Si bien en estos momentos es recomendable actuar con empatía y contención, una vez que la emoción disminuya su intensidad invítalos a comprender por qué las emociones no son para siempre.
Un primer paso es explicarles que todo puede evolucionar, así como cambian sus vivencias, sus gustos o sus intereses, las emociones también pueden tomar otros colores o formas.
Un buen ejemplo, es utilizar esa emoción como referencia y ubicarla en perspectiva. Invítalos a hacer memoria de otro momento en que la vivenciaron, qué recuerdan, cuánto tiempo duró y qué les ayudó a sentirse mejor. Con este simple ejercicio, ellos podrán constatar que así como las emociones surgen, también se pueden transformar a otras más frescas para sentirse mejor.
5. Las emociones no nos definen
Las emociones no son rasgos de carácter que viven con nosotros para siempre. Los niños necesitan aprender que el sentir una emoción, sobretodo aquellas menos gratas o adversas, no los define como personas.
Si alentamos a los niños para que opinen de sus emociones como un modo de sentir y no como una característica de su personalidad, estimularemos expresiones como: «No soy un niño enojado, soy un niño que a veces se siente enojado» o «No soy una niña triste, soy una niña que se siente triste porque papá y mamá se pelearon». El interpretar las emociones «menos grata» como un estado y no como una característica propia, los apoya a no dañar su autoconcepto y a vivirlas con mayor naturalidad.
Las emociones son una tarea del día a día
Como puedes ver, si abordamos las emociones de un modo sencillo y espontáneo con los niños, ellos lograrán comprender sin dificultad lo valioso de su mundo interior y serán capaces de desarrollar gradualmente la confianza para manejarlo positivamente.
En MIA, tenemos la convicción que el manejo de las emociones es una tarea diaria fundamental en el desarrollo de niños y adolescentes. Si invertimos tiempo de calidad en cultivar esta habilidad, estaremos fortaleciendo su confianza, resiliencia y felicidad como sus mejores compañías hacia una vida adulta más saludable, positiva y satisfactoria.
