Cómo ser un «Coach Emocional» en la rutina diaria

 

Lea Waters, PhD, es Psicóloga, Investigadora y Conferencista australiana, Directora del Centro de Psicología Positiva de la Universidad de Melbourne.  Ha dedicado 23 años de su ejercicio profesional a difundir la ciencia de la Psicología Positiva y a compartir estudios basados en la importancia de estimular las fortalezas de los hijos en lugar de tratar siempre de corregir sus debilidades.

En uno de sus artículos cuyo título es «How to be an ‘Emotional Coach’ 7 tactics to help your child tune into & Harness their emotions» («Cómo ser un ‘entrenador emocional’ 7 tácticas para ayudar a su hijo a sintonizar y aprovechar sus emociones», 2018), ella aborda el concepto de «Coach Emocional» (entrenador emocional) para explicar que los niños que crecen con padres que son entrenadores emocionales aprenden a reflexionar cuidadosamente sobre sus emociones y aprenden cómo mejorarlas. 

En la misma línea, conocidos aportes de psicólogos y neurocientíficos confirman que los niños que crecen con padres que utilizan el entrenamiento emocional tienen un sistema nervioso central más tranquilo, una frecuencia cardíaca en reposo más baja y un circuito cerebral emocional más saludable.

 

Cómo estimular las emociones

Las emociones de niños y adolescentes están constantemente en evolución, el acompañarlas y guiarlas son unas de las mejores acciones que podemos iniciar para beneficiar su salud mental.  Si bien en general es una labor que se le designa usualmente a los padres, esta tarea también es compartida en diferentes contextos por profesionales del área Infantil. Cada vez se reconoce más su rol clave para fortalecer el desarrollo emocional y bienestar de las futuras generaciones. 

Si eres una de estas personas y deseas llevar a la práctica estrategias como «Coach emocional», entonces estas 6 ideas de la profesional australiana serán una motivación para comenzar desde hoy.   

 
#1 Adquirir el hábito de preguntar a los niños cómo se sienten

Con preguntas como «¿Qué se siente en este momento?», «¿Cómo te hace sentir eso?» o «¿Quieres hablar sobre eso ahora?», los niños se sienten apoyados y se sienten capaces de decidir si desean hablar de ello.  Pero, si te encuentras en un momento de mucha intensidad emocional, serrá mejor no formular estas preguntas directamente y esperar que la tensión baje.

 
#2 Animarlos a explorar sus emociones usando metáforas

Puedes alentarlos a explorar sus emociones utilizando metáforas, como pedirles que describan algo que también podría ser su emoción.  Algunas de las preguntas que pueden apoyar a los niños a desarrollar la diferenciación emocional, pueden ser: Si tu sentimiento fuera un color ¿de qué color sería?, ¿Dónde sientes esta emoción en tu cuerpo?, ¿Qué forma crees tiene esta emoción?, si esta emoción fuera un animal ¿qué animal sería? o ¿Esta emoción tiene olor?.

 
#3 Silenciar la TV y adivinar las emociones

Una forma divertida de ayudar a los niños a aprender sobre las emociones es silenciando el volumen de su televisor y luego adivinar las emociones de los actores. Puedes usar el mismo juego con tus hijos cuando estás en lugares públicos. Intenta adivinar las emociones de las personas que pasan observando su lenguaje corporal y expresiones faciales. Por ejemplo, el ángulo de las cejas de una persona y la forma de los hombros de alguien pueden decirnos si esa persona está feliz, enojada o triste. Este ejercicio puede enseñar a tus hijos a distinguir el miedo de la frustración, el amor de la alegría, la curiosidad de la emoción, etc.

 
#4 Control de temperatura o medidor de pulgar

Una técnica rápida que puedes usar a diario con los niños para ayudarlos a comprender, etiquetar y expresar sus emociones es el control de la temperatura emocional, en el que cada uno proporciona un informe meteorológico de sus emociones (es decir, soleado, tormentoso, leve con la posibilidad de lluvia).  

Otra técnica es el Medidor de Pulgar. Pulgar hacia arriba significa que están de humor positivo, pulgares hacia los lados significa que están de humor neutral y pulgares hacia abajo significa que están de humor negativo. Después de ver dónde apuntan sus pulgares, pedirles que expliquen cuáles son las emociones que están sintiendo.

 
#5 Música

La música es una excelente manera de ayudar a conectar a los niños con sus emociones. La investigación de Daniel Levitin muestra que cuando escuchamos música, casi todas las regiones y subsistemas neuronales de nuestro cerebro se activan. La combinación particular de ritmo, timbre, tono, volumen y armonía evoca una respuesta emocional profundamente arraigada. Hablando en términos generales, nuestro cerebro interpreta las canciones en clave mayor y con tempos rápidos como elevadores del estado de ánimo. En contraste, las canciones lentas que se tocan en clave menor tienden a hacernos sentir tristes o reflexivos.

Los niños pueden crear sus propias pistas de música, elegir canciones que los inspiren, los motiven o canciones con temas positivos sobre el amor, la felicidad y las amistades.  El escuchar esta música regularmente creará una asociación positiva y les dejará la enseñanza que la música es una herramienta que pueden utilizar para manejar sus emociones.

 
#6 Gratitud

La función de la gratitud es unir a las personas. Es una emoción de unión, como un pegamento social.  En un contexto familiar o social, la gratitud tienen un efecto dominó positivo en todos los miembros, los hace sentir satisfechos con lo que tienen y contrarresta la sensación de que algo falta y mejora la relación con los demás. 

Si enseñas a los niños a ser agradecidos, reducirás sentimientos de amargura o pensamientos pesimistas.  Serán capaces de valorar los detalles sencillos de la vida, aprenderán a manifestar agradecimiento por lo que tienen y fortalecerán su relación con el entorno.

Una forma práctica de llevar esta emoción a la acción es mediante el «Mural de la Gratitud».  Éste se puede organizar en familia o en un taller para niños o adolescentes para recordar a diario por qué sentirse agradecidos.  

 

Estimulando cerebros emocionalmente inteligentes

Si repites regularmente estas ideas y las haces parte de la rutina familiar, escolar o dentro de un proceso terapéutico, estarás haciendo mucho más que crear una experiencia emocional para los niños, estarás cambiando sus cerebros y pavimentando caminos basados ​​en sus fortalezas.

Nunca es demasiado tarde para comenzar a ser un «entrenador emocional». No importa la edad de los niños, el cambio comienza en ti como adulto.  La forma más poderosa de entrenamiento emocional viene a través de la forma en que entiendes y expresas tus propias emociones para luego ayudar a los más pequeños a comprenderlas y abrazarlas con plena confianza.  

 

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